La caída de Goliat
Enero 18, 2008
A los 12 años, me compre el primer CD de Britney Spears (no pregunten por qué, calculo que la disquera me había lavado la cabeza con su publicidad) y debo reconocer que escuché el disco tantas veces, que todas las canciones quedaron grabadas en mi memoria. A mi entender, Britney era fantástica, talentosa y linda. No cabía en mi prepuber cabecilla que sus letras hicieran referencia al sexo, o que vendiera su cuerpo como el kilo de nalga.
Afortunadamente, un año después algo hizo clic adentro mío y al escuchar sus canciones, solo podía pensar que ella era una asquerosa trepadora que vendía su imagen de niña virgen, solo para ganar más dinero. Al recobrar la conciencia, me uní al extenso grupo de las mujeres que odiaban a Britney. Ya sea por su cuerpo perfecto, en el que no había ni un solo gramo de mas, ni un ápice de celulitis que atentara contra su culo o por sus perfectos novios de ensueño que parecían sacados de un catalogo de “Ken y Barbie”. Cada vez que el canal de música estrenaba uno de sus videos, no podía evitar verla y desearle el peor de los sufrimientos: la ingesta descontrolada de mantecol con chocolate.
Como es de público conocimiento, Britney se casó con uno de sus perfectos novios y tuvo 2 hermosos niños, que de no haber nacido de ella, seguramente serían candidatos para alguna publicidad de ropa infantil. No solo la mina tenía una vida perfecta, sino que además su cuerpo no había sufrido transformación alguna! La hija de puta seguía poniéndose mini tanguitas y revoleando su perfecto trasero en la pantalla de MTV. Y nosotras, las del club “odiamos a Britney” le deseamos lo peor. Deseamos con tantas fuerzas que ella se convirtiera en una mujer común y corriente que finalmente lo conseguimos. Britney cayó.
Su debacle comenzó cuando su carilindo marido se acostó con otra y Britney lo echó de la casa junto con todas sus pertenencias. ¿Pensabas que ibas a vivir de arriba y encima moverte a otras minas? Ah no chiquito… ¡Te vas! Britney era una diosa imperturbable que desechó a la fruta podrida de su cosecha. Ella podía conseguirlo todo. Pero parece que no, parece que los deseos de tantas mujeres del mundo habían surtido efecto y Britney se había convertido en una simple mortal, en una de nosotras.
Después de su separación, ella engordó todos los kilos que nosotras habíamos deseado, su culo triplico el diámetro y comenzaron a aparecerle pequeños pocitos alrededor de sus perfectamente esculpidas piernas. ¡Britney era como nosotras! La mujer que parecía perfecta, la diosa de la música, sufría tanto como la panadera de Ramos Mejía. Se atraganto con la comida, lloró y se sumió en la más terrible y profunda de las depresiones post-ruptura. Dicen que de los cuernos y de la muerte no se salva nadie. Ni siquiera Britney Spears.
Enero 19, 2008 en 2:08 am
Ya que se muera.
Enero 30, 2008 en 2:56 am
la verdad es que tendremos que anotárnoslo como un triunfo colectivo… pero M! que no muera, sólo que siga siendo imperfecta y que sufra por eso…
debe ser muy duro ser la más perfecta durante mucho tiempo y de repente ser de lo peorsito… en estos casos:que lindo ser tan común!